Cuatro buenos hábitos al comer que no tienen que ver con la comida

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Fecha: 28/09/2022

Categoría: Alimentación

Buenas prácticas a la hora de comer que incorporé y que, aunque parecen obvios, no es sencillo darse cuenta de cuándo lo haces mal.


Como he comentado tanto en el libro como en alguno de los artículos del blog, una de las partes fundamentales de mi cambio en el último año ha sido la alimentación.

Normalmente entendemos alimentación como única y exclusivamente la comida en sí, y eso nos lleva a pensar que cambiando los alimentos que consumimos, nos va a cambiar de manera radical el estado físico o anímico, pero por mi experiencia hay algo más allá.

Para mí el consumir unos buenos alimentos es algo fundamental. Cada célula de tu cuerpo está formada por los nutrientes que le has proporcionado en forma de comida, y eso es algo que si lo entiendes te facilita muchísimo el camino a comer bien, pero… ¿Cómo estás tú cuando comes?

¿Lo habías pensado alguna vez? ¿Te observas comiendo? ¿Disfrutas de la comida? ¿Crees que es un momento relajado o tienes ansia por comer? ¿Comes cuando toca o cuando tienes hambre?

Como estas, me plantee muchas más preguntas hace poco más de un año. He sido alguien que iba al frigorífico 20 veces al día a picar y a veces ni eso, era simplemente ansiedad por la comida. Después de estar sin olfato durante 8 meses entre 2020 y 2021 por aquel virus que tú y yo sabemos, me pasó algo curioso.

Me obsesioné de manera incontrolada con la idea de que nunca más volvería a saborear la comida. Tanto era así que, creo que de manera fisiológica ya había recuperado gran parte del gusto, pero tenía tal miedo que mi cerebro lo bloqueaba y más me angustiaba.

Cuando empecé a tener algo menos de ansiedad, todo volvió lentamente a su ser, y esta experiencia a priori negativa me dejó un gran regalo: 8 meses sin saborear la comida hicieron que desde entonces la disfrutase mucho más.

No hay nada de especial en mi olfato o en mi gusto. De hecho es posible que parte de esos sentidos se quedasen en el camino debido a la enfermedad, pero hoy por hoy, me tomo la actividad de comer como una experiencia a la que le presto mucha más atención que antes.

No me enrollo más y te voy contando las cuatro costumbres o bueno hábitos que he empezado a tener a la hora de comer bien. Van todas de la mano, ya verás.


-Dedícale a comer el tiempo que merece-

Intenta no comer con prisas


Sí, lo sé. Sé en qué sociedad vivimos, sé el tiempo que puedes dedicarle a comer y sé que en gran parte no depende de ti, y lo aceptamos, pero cuando dependa de ti, intenta hacerlo bien.

Procura que comer no sea simplemente un acto rutinario y resérvate —al menos para las comidas principales seas cuales sean las que hagas— el tiempo suficiente como para que no acabes de comer con la sensación de estar agobiado.

Comer requiere tiempo, requiere calma y requiere atención —este último lo veremos luego— así que intenta jugar con lo que va a hacer posible todo lo demás y es con los minutos que vas a dedicarle al acto de ingerir alimentos.

Históricamente —hablo de hace milenios— la comida ha sido un momento de tranquilidad y disfrute, a la que te dedicabas cuando tenías el tiempo suficiente como para hacerlo, ya fuese en solitario o en grupo, era un evento. Trata de volver a ello.

Si tienes 10 minutos en los almuerzos, por ejemplo por trabajo, pues que sean 10 minutos dedicados a comer, pero cuando puedas —y sé que lo haces en actos más ociosos— dedícale también más tiempo a comer de lo que haces normalmente.

En este artículo hacen una aproximación mayor precisamente a este punto sobre el tiempo que dedicamos a comer cada día.

Te lo digo yo que he pensado durante años que comer era una cuestión de mero trámite y por pura supervivencia, y realmente estaba equivocado profundamente.


-Intenta acordarte de masticar-

«No engullas y mastica, que no eres un pato y para eso tienes los dientes»


Esa frase no es mía, pero la recibí en su día de parte de alguien que, con buen criterio y poco tacto, quería que bajase de los 115kg que llegué a pesar allá por el año 2009.

Si bien es cierto que no es la manera más diplomática que se me ocurre para mandar el mensaje, creo que es bastante gráfica, visual y cierta. Tanto es así que más de una década después sigo recordándola de vez en cuando.

Otra de las frases que me dijo, en este caso una nutricionista fue:

«La digestión empieza en la boca, no en el estómago»

Y verdad verdadera que es. No voy a ponerme a explicar el sistema digestivo porque no soy especialista y los recuerdos que tengo son de bachillerato —y de eso ha llovido ya bastante— pero quédate conque el masticar la comida le facilita muchísimo el trabajo a tu estómago, que es el primero que tiene que tratar el alimento tras la boca.

De esa forma y con ese gesto tan sencillo, he conseguido —en parte— tener digestiones menos pesadas a las que tenía antes, si bien es cierto que comer alimentos no inflamatorios ayuda más que el masticas una o cien veces.

Y ya que nombro un número, no hace falta que cuentes cuántas veces has masticado un bocado, simplemente asegúrate de que lo haces las suficientes como para que cuando lo tragues no se parezca a lo que pinchaste con el tenedor…


-Presta atención a lo que comes-

Céntrate en lo que estás haciendo


Este hábito vale para cualquier aspecto de tu vida, y va muy en sintonía con los dos primeros. Si le dedicas tiempo, puedes prestarle más atención, y hacerlo te va a permitir ser más consciente de masticar las veces que debes.

Más aún, y como te decía antes, si le dedicas tu atención, disfrutarás más de los sabores, las texturas y los matices a los que antes no habías tenido acceso bien por falta de tiempo o de consciencia hacia el momento de comer.

Mira la comida, aunque estés viendo la tele, el móvil o leyendo. Sé parte de la experiencia del comer, aunque sea solo en momentos puntuales si la falta de tiempo o tener que comer cualquier cosa te lo impidieran, pero intenta poner de tu parte.

Si lo haces, disfrutarás más, te saciarás más y tendrás una verdadera sensación de haber comido.

¿No te pasa a veces que has comido algo y tienes la sensación de que sigues sin saciarte?

Pues justo a eso me refiero. Estoy seguro de que día a día haces cosas que te gustan. Me da igual el ámbito. Puede ser deportivo, de ocio, de lectura o incluso viendo una serie o película. Si te interesa le prestas atención ¿verdad? Pues intenta que comer sea una de esas cosas.

Verás cómo tu relación con la comida mejora cuando haces que forme parte de la acción de comer.


-Si no hay, no se come-

Un mantra contra la gula que llevamos mi casa


Cuántos paseos a la cocina he dado… Cuántas comidas a destiempo y poco saludables y cuántos bocatas de pan con pan me he comido —más detalles en mi libro— y es que he comido por inercia durante años, ya no por ganas sino porque sencillamente había porquerías disponibles para ser comidas.

No me gusta luchar contra la fuerza de voluntad. Me parece, por un lado, un esfuerzo inútil, ya que requiere que le dedique energía a hacer algo que debo —como ir al gimnasio— o dejar de hacer algo que no quiero, como por ejemplo, comer «basura».

Todo esto lo desarrollo mejor en Hábitos de Cambio, pero en resumen, en el primer caso prefiero la disciplina y en el segundo —como en le caso que nos ocupa con la comida— la ausencia, y de esa manera la lucha contra la voluntad es sencillamente innecesaria.

Venga… Sabes que estas cosas ni son buenas ni las necesitas…

Deja de comprar comida perjudicial para ti, poco nutritiva y poco saludable y verás lo pronto que dejas de consumirla. Es una chorrada, pero altamente efectiva. Si no hay no se come. Si no tienes acceso fácil a comida basura, no te la vas a comer.

Estoy seguro de que mucha gente —y mi yo de hace años estaría incluido— se levantaría de su sofá para ir hasta la despensa y coger un paquete de [pon aquí el procesado ultradulce que quieras], pero, ¿te vestirías y cogerías el coche para ir a comprarlo solo por capricho? Lo dudo muchísimo.

Somos en general bastante perezosos, y eso incluye el comer cuando no toca y lo que no toca. La comida poco saludable que comes te la comes porque la compraste cuando no la necesitabas y ahora que la tienes cerca es cuando aprovechas para recorrer los 5 pasos que te separan del «pecado».

Si hay una parte de ti que te invita a no comer porquerías, no compres porquerías. Es ridículamente sencillo e igual de efectivo. La comida basura no va a aportarte nada nada bueno a ningún nivel, así que si la eliminas de casa, la eliminas de ti.


-Conclusión-

Comer bien no es solo comer sano, sino tener unos buenos hábitos a la hora de ingerir esos alimento que van a hacer de ti lo que eres. Si además de la comida cuidas el cómo lo comes, verás que aparte de mejorar la experiencia en sí misma, también mejora tu bienestar en general.

Cuídate mucho…


Foto de Denny Müller en Unsplash

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