reflexión diaria

Día 81. Sobre la vergüenza y la autolimitación

16/10/2022


Hoy he escrito un nuevo artículo. Todo este proyecto va sobre el empezar. Empezar a comer bien, empezar a meditar, empezar a sufrir disfrutar de las duchas de agua fría y, como ya te imaginarás, empezar a ir al gimnasio.

Todo este tema surge de una conversación con mi sobrina. Alguien que ya ha dado el paso de apuntarse al gimnasio y además de eso, ha dado el paso incluso de ir —que es más de lo que hice yo durante años— pero una vez allí, no sabía qué hacer.

Pero para hablar de eso, te lees mi artículo, que hablo más en profundidad, porque la reflexión de hoy está relacionada pero no va ni del gimnasio ni de mi sobrina. Va de mí y de la vergüenza y de cómo ésta puede hacer que te pierdas cosas.

La vergüenza suele ser limitante, y lo ha sido para mí durante mucho tiempo. Todos tenemos vergüenza. Puede darnos vergüenza el actuar de cierta manera, el vestir con una prenda que no supongamos adecuada o como en el caso de lo que escribía, el ir al gimnasio.

Realmente ir al gimnasio no me avergonzaba, sino que más bien era el aspecto que tenía. Iba al gimnasio y veía a hombre y mujeres más fuertes que yo, más hábiles que yo y con más entrenamiento que yo. ¿Cómo me hacía sentir eso? Inseguro.

La vergüenza genera inseguridad y la inseguridad abandono. No vas porque tu percepción de ti es peor comparada con la del resto. Pero hay algo bueno en todo esto y es cuando descubres que no le importas lo más mínimo al resto.

Todos esos fortachones están a lo suyo. Intentando superar sus parcas o mirándose al espejo para ver si ese día se autoperciben más grandes o no, lo cual me dejaba vía libre para ir y hacer lo que tenía que hacer, que era ejercicio.

La vergüenza deja de tener sentido cuando interiorizas que, al igual que tú no vas por la vida juzgando a los demás, es probable que estos tampoco vayan a juzgarte a ti. De hecho, cuando pierdes el miedo a preguntar, la mayoría de la gente te ayuda cuando lo necesitas.

Y hace tiempo perdí la vergüenza. Un par de días atrás me puse a bailar al ritmo de la música de un coche en un pueblecito rodeado de gente —algo impensable para mí hace unos años— y una señora me acompañó imitando mi baile, nos reímos y cada cual siguió su camino. Liberación.

La vergüenza que sientes no va dirigida hacia ti, sino hacia otros, al igual que si haces algo vergonzoso y a ti te da igual, la respuesta será de los demás y no tuya. Como digo, no pueden coincidir ambas en la misma persona.

Libérate. Pierde la vergüenza. Baila, canta y haz tonterías. Ve al gimnasio y disfruta sin estar pendiente de lo que los demás puedan pensar sobre ti, porque seguramente no piensen nada.

Hoy la canción va a ser Deadcrush, de Trooko. Me flipa este tío. Quizás en otra reflexión hable de mi odio a las diéresis…

Cuídate mucho, y deja atrás la vergüenza. Verás la cantidad de cosas nuevas que harás sin ella.

Si te ha gustado la reflexión o sencillamente te ha dado que pensar, me ayudaría mucho si lo compartes a través de tus redes sociales.

Y de antemano, ¡un millón de gracias!

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