Mi experiencia con el ayuno prolongado de 72 horas

Fecha: 08/09/2022

Categoría: Alimentación

Cómo fue mi primera vez estando tres días sin comer nada


Antecedentes

A principios del mes de mayo, y como ya comenté en el hilo de Cómo mejoré mi alergia comiendo sano, el grupo formado por Laura de Keto con Laura, Endika Montiel, Néstor de Regenera y Blanca de Lifestyle con Blanca propusieron un protocolo de ayuno prolongado enfocado en el Lipedema, enfermedad muy común que por si no la conoces es una acumulación anormal de células adiposas en zonas concretas del cuerpo, como piernas o caderas.

Esta enfermedad se da más en mujeres que en hombres, y en casa, mi pareja sí que la sufre, así que era un buen punto para probar. No es ni mucho menos un caso exagerado pero la padece. Lo curioso —o quizás no tan curioso— es que cuando hace ejercicio y come mejor, esa acumulación e inflamación de células de grasa se reduce considerablemente.

Este protocolo que hicieron este grupo de especialistas consistía en 2 partes:

  • Por un lado había 2 semanas de dieta cetogénica. La idea era reducir la ingesta de hidratos a lo mínimo de manera que los niveles de insulina vuelvan a valores normales tirando a bajos de manera que se reduzca la inflamación lo máximo posible.
  • En segundo lugar, el proceso continuaba con 72 horas de ayuno de manera que el organismo pueda utilizar esas células en la consecución de enrgía y de paso eliminarlas de las zonas conflictivas. Tres días es un tiempo bastante más prolongado del que solemos hacer, que son entre 16 y 24 horas normalmente.

Visto que ya practicábamos habitualmente una alimentación baja en carbohidratos y que hacíamos ayuno intermitente desde hace años y de 24 horas con relativa frecuencia, sumado al problema del lipedema, decidimos embarcarnos en el protocolo tras consultarlo con nuestro médico.

Y como siempre la recomendación es que si vas a hacer algo de este estilo, consultes siempre con un especialista en nutrición o médico.


Aviso: Voy a hablar del ayuno prolongado concretamente desde mi punto de vista. Mi pareja tuvo sensaciones parecidas, pero diferentes, sobre todo al final del tercer día, pero vamos a empezar por el principio, como debe ser.

Empecemos por el principio:


-Día cero del ayuno prolongado: Última comida-

Decidimos empezar el día cero después del almuerzo, así que desde el mediodía del domingo ya no íbamos a comer nada. Preparamos un caldo de huesos por si en algún momento queríamos recurrir a él, pero solo como reserva. Está bien tenerlo por si acaso. Aporta minerales sin sacarte del ayuno.

Normalmente sí cenamos, y los ayunos los hacemos saltándonos la comida de después de levantarte de la cama, pero como nos veíamos con ganas y motivados, empezamos en ese punto. Nos saltamos la cena y la verdad es que quizás fue un punto peliagudo a pesar de ser la vez que menos tiempo llevábamos.

La costumbre es muy poderosa, y años haciendo ayunos hacen que saltarte la cena lo eches más de menos que pasarte un día entero, pero no hizo falta nada. Nos fuimos a la cama pronto y sin hambre, así que las primeras horas fueron justo como esperábamos.


Primer día de ayuno: Sin apenas novedades

No tenemos por costumbre desayunar, así que el primer día transcurrió como un día cualquiera. En ayunas a andar por el campo un rato y al gimnasio justo después. sí que es cierto que después del gimnasio tomamos agua de mar en pos de recuperar electrolitos después del ejercicio físico.

Esta parte es extremadamente importante. En ausencia de alimento, tenemos que cuidar el consumo de minerales, y ya que no van a ser a través de la ingesta normal, hay que tomarlos a través de bebidas de electrolitos o agua de mar preparada para el consumo.

Tras comer ambos nos fuimos a trabajar y toda la tarde transcurrió con total normalidad. Teníamos energía de sobra y no noté nada diferente a veces anteriores. En este momento ni siquiera tenía la sensación de nada diferente, puesto que mi rutina seguía siendo la misma que veces anteriores.

Antes de darnos cuenta era la hora de «cenar» y habían pasado 36 horas desde que comenzamos el ayuno prolongado. Era algo con lo que podíamos lidiar, pero también era la primera vez que nos sometíamos a tanto tiempo de ayuno. Las sensaciones eran muy buenas, tanto de energía como de ánimo.


-Segundo día. Energía por los cuatro costados-

Este fue el día que más cambios noté. Teníamos los dos el día libre, así que decidimos coger un tren a Málaga y pasar el día allí. Hacía buen tiempo y sería una buena manera de cambiar de aires en una actividad que era nueva para nosotros. De habernos quedado en casa, seguramente lo habríamos pasado peor.

Nada más llegar a Málaga nos decidimos por hacer lo que mejor nos sienta: nos pusimos a andar sin un objetivo. Cogimos desde la estación y empezamos a caminar en dirección este sin un destino fijo por el paseo marítimo. Simplemente queríamos estar activos durante el día para no estar centrados en la comida.

Lo único que nos pesaba un poco más era el calor —y bochorno— que hacía ese día en la ciudad, pero por lo demás estábamos energéticamente muy activos. Tanto que después de un rato andando pasamos por una zona de calistenia y estuvimos haciendo algunas dominadas ejercicios en la calle. Por supuesto nos hidratamos bien tanto con agua como con agua de mar —tratada para consumo, por supuesto— todo el día.

Tras esto y después de casi 10km de paseo, nos paramos un ratito en una playa, que entre otras cosas para eso habíamos ido hasta allí y ya aprovechábamos, que en Córdoba no tenemos de eso. Aquí ya empecé a acusar un poco el cansancio, pero no por la falta de comida, sino más por el calor que hacía. Hacía más de 35ºC e incluso estando hidratado, costaba estar a pleno sol.

En torno a las 15:00 horas decidimos dar la vuelta y de camino y a la sombra, paramos a tomar un café. Es difícil definir las sensaciones, pero estaba en calma. Puede atribuirse a estar lejos de casa o disfrutar de un día libre, pero notaba algo diferente. Estaba a gusto. En paz y con mucha energía. Teniendo en cuenta que llevábamos ya 48 horas sin ingerir nada.

Tras una visita cultural, nos dirigimos a la estación sobre las seis de la tarde para coger el tren de vuelta. Una vez en nuestro barrio, nos dimos un nuevo paseo y para casa. Eran las 21h de la noche, nos tomamos un té en el balcón mientras charlamos bastante sorprendidos del desarrollo del día.

Para terminar, nos tomamos un caldo del que habíamos hecho el día anterior. En mi caso no por hambre, sino por tener la sensación de que quizás fuese buena idea tras el día de ejercicio que habíamos hecho. Realmente me sentó de maravilla y nos fuimos a dormir.

Un caldito y a la cama…


-Tercer día. Punto y final al ayuno prolongado-

Ese día trabajaba de tarde, pero fui por la mañana a echar una mano al trabajo. Iban a ser un par de horas nada más y sin clientes, así que me duché con agua fría, hice las respiraciones de cada mañana y me fui al trabajo. No estaba cansado, pero es cierto que no tenía la motivación del día anterior. Quizás por el objetivo.

Estuve haciendo lo que tenía que hacer, y realmente las sensaciones eran buenas para llevar ya más de 65 horas sin haber ingerido nada de alimento. Pero entonces, justo cuando acabé llegó la llamada de mi pareja. No se encontraba bien. No era nada grave, pero había tenido malas sensaciones.

De repente se había encontrado débil, cansada y lo que más me desconcertó, temblorosa. Era el momento. Era su límite y siempre hay que hacer caso y escuchar a tu cuerpo. Fue momentáneo, pero suficiente. Por mi parte estaba fantástico, tanto de energía como de ánimo y sin hambre, pero a las 12 de la mañana decidimos romper el ayuno.

Aquí tampoco hay que ir a la ligera. Hay una alimentación muy específica para volver a poner en marcha los procesos de digestión. No vale acabar un ayuno de 3 días y comerte 4 kilos de carne sin masticar. La vuelta a la alimentación fueron unas patatas que cocimos el día de antes y algo más. Teniendo en cuenta el masticar bien —lo cual es siempre un buen consejo— y no engullir.

Tengo que admitir que la comida me sentó como nunca lo había hecho antes. Es complicado explicar a qué nivel la disfruté. Fue extraordinario. Cada bocado era delicioso y la calma con la que comí era la que me gustaría que fuese en cada comida.

Después de aquello nos fuimos a trabajar y no hubo ninguna sensación específica más allá. Fue una tarde de lo más normal y volvimos a nuestra alimentación habitual, aunque poco a poco y con una carga de carbohidratos mayor a la que solemos tomar en nuestro día a día.


-Conclusiones y preguntas-

Me gustaría hacer una ronda de preguntas y respuestas cortas que me hubiese gustado hacer a mí antes de emprender este «reto». Creo que es conveniente tener ciertas cosas claras antes de embarcarse en un protocolo como este. Como digo, soy alguien a quien le gusta probar nuevas experiencias guiado por gente que sabe más que yo. No soy especialista más que en mi experiencia.

¿El ayuno prolongado es bueno?

Sí. Se podría decir viendo los estudios que no solo no es negativo sino que ayuda en muchísimos procesos como regeneración celular o reducción de los niveles de inflamación. Te dejo un artículo excelente de FitnessRevolucionario por si quieres seguir profundizando.

¿Lo puede hacer cualquiera?

Si hablamos de la capacidad de hacerlo, por supuesto, pero no lo haría sin supervisión o recomendación médica o al menos un seguimiento para evitar cualquier respuesta negativa, y ante todo, conocerte a ti mismo.

¿Por qué NO debería hacerlo?

Creo que no deberías hacerlo si antes no tienes la costumbre de comer bien, haber desechado alimentos poco saludables o si no has hecho ayunos menos prolongados anteriormente. Creo que es un salto demasiado alto como para hacerlo sin practicar.

¿Cómo se hace de forma segura?

Es fundamental una cosa que comento en el libro. Escucha a tu cuerpo. Tienes que saber diferenciar el hambre, de la gula, de una falta de nutrientes que te lleven a enfermar. Es algo con lo que venimos de serie pero que parece que se nos va olvidando conforme adquirimos edad y malos hábitos.

¿Qué notaste al acabar?

Realmente la sensación era de calma, ligereza y todo lo contrario a tener estrés. Digamos que haberle quitado toda esa carga de trabajo al sistema digestivo hace que estés en un nivel de relajación difícil de conseguir de manera habitual.

¿Lo recomendaría?

La respuesta es que no. No si no cumples lo dicho anteriormente o si tu enfoque es dejar de comer para adelgazar. Este tipo de protocolos hay que hacerlos por salud, con sumo cuidado y después de un tiempo de «entrenamiento». A cualquiera que se quiera tirar de cabeza sin cumplir lo que acabo de decir le diría que empezase por el principio.

Por supuesto la consecuencia de comer bien y hacer este tipo de prácticas te van a llevar a perder peso, pero tendría que ser la consecuencia, no el objetivo. La salud es una carrera de fondo que no tiene un final. Hacer este tipo de prácticas aisladas no solo no sirve de nada sino que puede ser peligroso.

Estudia, ensaya y hazlo.

Y cuídate mucho.

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