Mi experiencia sobre cómo afronté la exposición al frío

baño agua fria

Fecha: 03/08/2022

Categoría: Frío

¿Por qué cuesta tanto bañarse en agua fría?

Seguramente este haya sido uno de los puntos que dejé plasmado con más claridad en mi libro Hábitos de Cambio, y es que al principio se pasa mal. Y lo hice así porque trato de evitar las malas prácticas de algunas webs, vídeos o podcasts en las que hablan exclusivamente de los beneficios de cualquier práctica y se saltan las partes negativas aunque las tengan.

Me parece que transmitir de esa manera la información es sesgar la realidad y le da al lector una idea equivocada de algo que puede ser extraordinario, pero que puede tener una parte que sí no se cuenta, provoque una sensación de engaño, o peor, que el lector piense que está haciendo algo mal.

Aquí me voy a esforzar en que lo sepas todo lo que implican los cambios, y eso incluye el malestar, el dolor o que pueda provocar sensaciones desagradables al ponerlas en práctica, y la exposición al frío las tiene todas.

O al menos provoca sensaciones a las que no estamos acostumbrados y que asociamos a sotiaciobes negativas y que querríamos evitar costase lo que costase.

Empecemos por el principio: Mi experiencia con la exposición al frío

Gran parte de mis cambios de habitos se produjeron al acabar el verano de 2021. Septiembre y octubre fueron completamente decisivos, y entre otros, el empezar con el método Wim Hof, lo cual suponía exponerse al frío de cualquier forma. Idealmente sumergido o con duchas cada vez más prolongadas.

Al haber empezado ya el frío y tener la suerte de contar con una piscina comunitaria accesible todo el año, lo vi claro. La mejor manera de empezar era sumergirme en ella y aprovechar entre las 7 y las 8 de la mañana antes de ir a trabajar para intentar que la temperatura fuese la menor posible (mínimas de unos 12°C en octubre).

Las primeras veces fueron horribles, duras y desagradables, aunque prolongado es de los mejores cambios que he tenido la suerte de experimentar. Este hilo es un relato que habla de mi experiencia personal. Infórmate muy bien antes de emprender cualquier cambio o actividad y consulta con un especialista.

Primeros chapuzones en agua fría

Recuerdo la primera semana con claridad. Bajaba a la piscina y me sentaba en los escalones de obra. ¿Sabes qué es lo que sentía? Cuando empieza el frío de verdad —de noviembre a febrero— las sensaciones se volvías más y más duras.

Para empezar tenía que pelearme con mi propia mente que me decía que a esas temperaturas no sería lo más recomendable. Una parte bastante poderosa de mí no quería entrar al trapo y meterse bajo ningún concepto. Era una negativa poderosísima que aún a día de hoy aparece, aunque con muchísima menos fuerza que antaño.

Cuando había conseguido ganar la batalla contra esa parte de mi mente que me insistía en no hacerlo, comenzaba a bajar por las escaleras. Desde que empezaba hasta que me sumergía, la sensación es bastante complicada de describir. Si paraba estaba perdido, y conforme bajaba, todo mi cuerpo se iba «endureciendo». Cada músculo de mi cuerpo se tensaba, apretaba los puños, los brazos, las piernas…

Y al llegar al final, me sentaba en la escalera. Ésta cuenta con 5 escalones, y me pasaba una cosa curiosa. Cuando me sentaba en el penúltimo, el agua me llegaba un poco por debajo de los hombros, pero si me sentaba al último escalón y el agua me cubría hasta debajo de las orejas, me subía un dolor punzante entre el cuello y la base de la cabeza. Estoy seguro de que era la misma tensión derivada del frío.

Por supuesto lo siguientes minutos eran una lucha con mi parte más débil gritando «sal de ahí. ¿No ves lo mal que lo estás pasando?» y mi parte más racional intentando convencerla de que de una forma u otra eso tenía que ser bueno. Y esto último lo comprobé con el tiempo. Pronto hablaré sobre los beneficios que he experimentado con la exposición al frío.

Además, y aunque lo ponga al final es una de las cosas que más suelen agobiar es que tus pulmones pierden el control absoluto de la respiración. Empiezas a ventilar a toda leche, a respirar sin ningún tipo de ritmo y a notar cómo el pecho te empieza a apretar. Tu cuerpo intenta decirte que lo dejes estar. Afortunadamente puedes aprender a tomar el control.

ducha de agua fría
Puedes empezar con duchas de agua fría aumentando el tiempo poco a poco.

Cómo he ido evolucionando con la exposición al agua fría

Como cualquier disciplina, la repetición y la exposición hacen que todo sea mucho más fácil, y sobre todo que empieces a disfrutarlo mucho más, que te sumerjas en las sensaciones y que explores diferentes caminos que el propio malestar inicial no te permitía.

Recuerdo un vídeo en el que Wim Hoff habla con Jordan Peterson —conocidísimo sociólogo— y comenta algo muy curioso sobre afrontar esas sensaciones. Te dejo el vídeo. Es muy cortito, pero fue muy revelador para mí.

Wim Hof entrevista a Jordan Peterson

En la charla, Peterson dice textualmente:

[Cuando estés en un lago helado o en una ducha fría] en lugar de huir del dolor y distraerte, empiezas a concentrarte y a prestar mucha atención a todas las sensaciones que tienes aunque sean aversivas.

Y eso fue exactamente lo que empecé a experimentar. No me concentraba en intentar huir del dolor o el malestar, sino que empecé a «abrazarlo». Trataba de notar cómo me afectaba. Qué partes de mi cuerpo eran las más afectadas, intentaba aprender por qué temblaba o cómo funcionaban mis pulmones en ese momento tan crítico.

Y funcionó. Poco a poco no solo fui acostumbrándome a la exposición al frío sino que empecé a disfrutarla y casi a necesitarla.

Desde el inicio, he hecho ejercicios de respiración a la intemperie a menos de 10ºC, me he bañado en aguas naturales de deshielo y me he duchado con agua fría todos y cada uno de los días desde hace ya casi un año. Es curioso cómo algo que en un principio genera un rechazo tan absoluto se acaba convirtiendo en un hábito que no solo amas sino que tu propio cuerpo te lo pide diariamente.

Sobre los beneficios hablaré en poco tiempo, y si quieres puedes leer alguno de los estudios que hablan de las mejoras en el sistema inmune pero algo sí te puedo adelantar. De todos los cambios de hábitos que he emprendido, este es el más difícil y a su vez el más satisfactorio.

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