¿Por qué nos cuesta tanto cambiar de hábitos?

Fecha: 18/11/2022

Categoría: Miscelánea

Un resumen de los factores más limitantes en el cambio de hábitos y cómo resolverlos


Hábitos… Repetición. Costumbre. Hacemos las cosas que hacemos nos vamos moviendo casi sin pensar. La RAE habla incluso de tendencias instintivas. Tenemos los hábitos que tenemos sencillamente porque sí. Por la educación que hemos recibido o por aquello que hemos sentido que era más fácil de hacer.

Cuando he tenido los hábitos negativos —fumar, beber o ser sedentario entre otros— no me preocupaba el resultado a futuro, sencillamente me dejaba llevar por ello. ¿Que estaba gordo? Jamás pensé que fuera malo para mi salud en un futuro hasta mucho más tarde.

Pero es doloroso a veces el no ser conscientes siquiera del resultado en el presente. Yo entendía una vida de malestar como algo normal. Los dolores, el cansancio o la falta de energía eran mi día a día y pensaba «bueno, pues debe ser así todo el mundo» y te garantizo que no. Lo sé porque he estado en ambos lados.

Desde hace tiempo pienso en qué nos hace animarnos a cambiar de hábitos o, mejor dicho, en qué hizo que yo lo hiciera. Después de un libro, cientos de charlas con gente y docenas de artículos de reflexión, sigo sin tenerlo claro.

No sé si fue el miedo, el ver que tocaba fondo o sencillamente la curiosidad por saber si había una forma diferente de hacer las cosas, pero eso fue lo que hizo que cambiara. La pregunta correcta sería:

¿Qué hacía que a pesar de estar mal no cambiase mi forma de hacer las cosas?

Hoy quiero hablar en primera persona de los factores limitantes que creo que todos sufrimos para empezar a mejorar las cosas con nosotros mismos y el cómo fue mi experiencia para resolverlo, aunque ya te anticipo que puede valer para cualquiera.


No salir de la Zona de confort

La costumbre te ata a lo que ya conoces

Qué peligrosa es la zona de confort. Por si no conoces el término es sencillamente el que haces las cosas que haces porque ya conoces el resultado, los riesgos y las consecuencias de hacerlo. O bueno, crees que las conoces.

Uno de los primeros pasos que tuve que dar a la hora de realmente plantearme un cambio de hábitos negativos por unos más saludables fue precisamente empezar a hacer cosas que me sentaban peor que lo que acostumbraba a hacer. Te pongo un ejemplo.

Como quizás hayas leído en alguna de las reflexiones o en el mismo libro, he tenido ansiedad desde hace muchísimos años. Normalmente he volcado mi ansiedad hacia la salud —irónicamente— así que una de las cosas que más nervioso me ponían era tener pulsaciones altas.

¿Sabía que hacer ejercicio era bueno? Sí, o al menos sabía que no era malo de por sí, pero el salir de mi zona de confort para hacer, por ejemplo, senderismo, me sacaba de esa zona de confort que podía controlar. Estar sentado en el sofá no solía subirme las pulsaciones, así que me quedaba.

En mi caso más que pereza era miedo, pero el ejemplo vale igual. No hacía nada de ejercicio por no salir de un espacio controlado como era el del sedentarismo y la «calma» —que realmente no era tal— que me daba el estar en casa.

Entiendo el miedo. Créeme que lo entiendo de verdad. He convivido con él desde que recuerdo por no saber diferenciar el miedo de lo desconocido. A veces lo desconocido da miedo, pero ese miedo desaparece cuando lo desconocido se muestra. Pero no va a mostrarse solo.

Salir de TU zona de confort es cosa TUYA, y hago hincapié en esto porque no hay otra manera. Cuando tuve la convicción de hacer las cosas mejor, pasé por salir de esta zona conocida con prácticamente cada uno de los aspectos de mi vida.

No es un salto al vacío, sino a algo mejor…

Tuve que ir al gimnasio con gente que no conocía a hacer ejercicios que no controlaba y superar el miedo a hacerme daño. Tuve que dejar de comer cosas que me hacían daño o incluso aprendí a hacer ayunos prolongados, lo cual también fue un salto hacia la incertidumbre.

Tuve que leer a autores clásicos que no sabía qué querían decir, a meterme en agua fría en invierno o a meditar y hacer ejercicios de respiración… Y todo ello viniendo del sedentarismo y el no querer alejarme mucho del sofá. ¿Te parece que salí fuera de mi zona de confort?

Empieza paso a paso. Sal y empieza con hábitos que, aunque no puedas controlar, sientas que no suponen un riesgo hacia ti, y observa cómo simplemente el hecho de haber dado ese paso, te hace mejorar el ánimo sea cual sea la práctica que emprendas.


Impotencia para aprender

El negarte a aprender o autopercibirte «inútil»

Lo veo a diario. De verdad que no puedes imaginarte cómo se repite en mis conversaciones, sobre todo —y desgraciadamente— con gente que verdaderamente tiene ese ánimo de salir de su zona de confort, pero se limita por un error en su autopercepción.

  • «Uy, yo no valgo para eso.»
  • «¿Qué pinto yo en un gimnasio?»
  • «No tengo tiempo para leer…»

Esas son solo unas pocas para no llenar el post de frases. Cualquiera de ellas las he dicho en el pasado y las escucho o las veo escritas a diario. Somos nuestro principal factor limitante, bien sea por falta de autoestima o por considerarte un necio.

Considero —ahora, antes no— que en esencia el aprendizaje y el desarrollo es lo único que tenemos en la vida. Puedes elegir el camino que quieras, pero desde que nacemos, lo único que hacemos de forma segura es aprender, queramos o no.

En muchas ocasiones nos negamos a aprender por miedo, no por incapacidad. Aprendemos aquello que nos gusta o lo que nos hace sentir seguros de poder aprender —vuelta al primer punto…— negarse a aprender algo nuevo es negarse a ser mejor. Y todos queremos ser mejor, ¿no?

Pues no. Está claro que no. Uno de los problemas para cambiar de hábitos puede ser el desconocimiento, Puedes no saber que estás haciendo las cosas mal por tu educación o por el entorno en el que te has criado, pero no siempre es así.

He tenido conversaciones con gente que es total y absolutamente consciente de sus tendencias destructivas, véase tabaco, alcohol, alimentación o sedentarismo. Saben qué les pasa, saben como pueden empezar a estar mejor y se niegan en rotundo a hacerlo.

Es una forma peligrosa de aceptación. En filosofía estoica se habla de aceptar aquello que no puedes cambiar, la dicotomía de control y los preferibles o no preferibles, pero sobre todo hablan de alcanzar la virtud, ergo, ser cada vez mejor, lo que no encaja con lo anterior.

Entiendo, porque me ha pasado, que lanzarte a cambiar tus hábitos dé miedo. A veces pasa que ese miedo, sobre todo a fracasar, haga que nos neguemos a aprender y emprender un nuevo camino, pero el verdadero fracaso es la primera negativa y no la derrota.

Querer tomar el camino de menor resistencia

La píldora mágica que todo el mundo busca

Vivimos en el mundo de la inmediatez. Lo vemos en las redes sociales, el transporte e incluso en nuestra manera de comprar. Lo queremos todo y ahora, que venga sin esperar más de la cuenta y sin esfuerzo, ¿no es verdad?

Bueno, es verdad que lo queremos, pero amigo, amiga, siento decirte que en lo referente al bienestar —al de verdad— y a la salud no hay una píldora mágica que puedas tomar y que se acaben todos tus problemas. En este blog no se habla de ansiolíticos y antidepresivos sino de disciplina y responsabilidad individual…

Non est ad astra mollis e terris via (No hay un camino sencillo de la tierra hacia las estrellas)

Séneca

Yo buscaba el camino fácil constantemente. He de reconocer que mi yo anterior se creía muy listo y esto jugó bastante en mi contra… Me creía tan listo que iba a encontrar la manera de hacer lo difícil, fácil, y ya te anticipo que no existe eso que digo.

Entiendo perfectamente el tratar de lograr resultados trabajando lo mínimo posible. Creo que la ley del mínimo esfuerzo es algo natural, pero hay que entenderla bien y no dejarse llevar por la pereza, ya que significa algo completamente diferente.

No malgastes la energía, pero úsala. Quedarse en el sofá no es seguir la ley del mínimo esfuerzo sino pereza, sedentarismo y, al final, enfermedad. Quizás estamos acostumbrados a vivir entre comodidades y salir de ahí nos supone un verdadero problema.

Ningún río va a marcar su camino por la cuenca más difícil y ningún carnívoro va a correr por gusto sino que va a reservarse la energía para el momento en el que verdaderamente lo necesite, que no es otro que el momento de la caza.

Cambiar de hábitos y mejorar cuesta esfuerzo, pero solo al principio. Una vez generas el hábito es igual de fácil construirse que destruirse. Comer bien no es difícil no cuesta más trabajo que comer mal si tienes disciplina con la comida.

Hacer deporte cuesta más trabajo que quedarse en casa, pero cuando es tu rutina y ver lo bien que te sientes, tienes ganas de hacerlo, lo disfrutas y no solo no cuesta un esfuerzo sino que hay algo en ti que te pide hacerlo.

No hay un camino rápido para estar bien, pero poner la etiqueta de que pasar de tener malos hábitos a buenos hábitos me parece injusto. Lo que pasa es que queremos sustituir décadas de hacer las cosas mal por un batido/pastilla/libro y que de repente todo mejore. No. Tienes que poner de tu parte.


Conclusiones

  • Sal de tu zona de confort. Mejorar solo se consigue enfrentándote a situaciones y sensaciones nuevas y diferentes.
  • Oblígate a aprender. Nada nuevo que conozcas puede hacerte daño alguno, y tenemos la máquina de aprendizaje más poderosa de la naturaleza. Úsala.
  • Esfuérzate. Verás como no es tan difícil. Vas a alcanzar lo mejor de ti siendo consciente de que no hay una vía rápida hacia el bienestar. Ad astra per aspera.

Imagen de Mohamed Hassan en Pixabay

Imagen de Reinhardi en Pixabay

Mis frases favoritas de la filosofía: Hoy, Epicteto

Mis frases favoritas de la filosofía: Hoy, Epicteto

Primera parte Una recopilación de algunas de las sentencias que más me han influido de aquel que fue esclavo antes que filósofo Epicteto es de lejos ---al menos para mí--- el estoico más contundente y estricto de los 3 modernos más reconocidos, siendo los otros dos...